Cansancio, insomnio y trastornos del ánimo: cómo la apnea del sueño pasa desapercibida en mujeres
- Entrevista
En un coloquio por el Día Mundial del Sueño, expertos y pacientes de VitalAire alertan sobre el infradiagnóstico y los riesgos de la apnea del sueño en la mujer.
El cansancio crónico, los trastornos del ánimo y el insomnio son algunos de los motivos que llevan a las mujeres a la consulta de su médico de Atención Primaria. Suelen llegar tarde y con la sorpresa de un diagnóstico posterior que no esperaban, ya que durante años normalizan unos síntomas que achacan a la llegada de la menopausia. Y es que la apnea del sueño en mujeres es una condición que a menudo pasa desapercibida.
A este retraso se suma la dificultad de reconocer la enfermedad en la mujer debido “al sesgo histórico en la investigación, donde el perfil típico del paciente se asociaba a un hombre de 40 o 50 años, obeso y roncador”, explica la Dra. Mónica Bengoa, responsable de la Unidad del Sueño del Complejo Hospitalario Insular Materno Infantil de Gran Canaria, en un coloquio en ConSalud TV, con la colaboración de Vitalaire, en el marco del Día Mundial del Sueño.
En cifras, por cada tres hombres diagnosticados con apnea, solo se diagnostica a una mujer y, además, a ellas se les detecta de media 10 años más tarde. Para conocer, precisamente, la visión de las pacientes, Elia Cobián y Paloma Sainz han explicado durante el coloquio cuál fue su recorrido hasta el diagnóstico y cómo viven la enfermedad. En el caso de Cobián, acudió al médico por un cansancio persistente y dificultades para expresarse. “Había perdido la rapidez para encontrar las palabras y pensé que era algo cognitivo; nunca imaginé que fuera apnea del sueño”, relata. Finalmente y tras la visita al neurólogo, que descartó una causa ligada a su especialidad, apareció la sospecha de un posible trastorno del sueño.
Por su parte, Paloma Sainz ha señalado que su diagnóstico llegó tras notar que dormía cada vez peor. “Como soy asmática, en una de las visitas a mi neumóloga, se lo comenté y me hicieron la prueba y me dijeron que tenía una apnea grave. Lo acepté bien porque sabía que el tratamiento me iba a ayudar”, afirma. No obstante, ambas pacientes coinciden en cómo la menopausia supuso un auténtico cambio en ellas.
“Las hormonas femeninas nos protegen antes de la menopausia, pero cuando caen los estrógenos y la progesterona, aumenta el riesgo de desarrollar apnea”
En este sentido, la doctora Bengoa ha destacado que esta etapa vital influye de forma directa en la aparición de la enfermedad. “Las hormonas femeninas nos protegen antes de la menopausia, pero cuando caen los estrógenos y la progesterona, aumenta el riesgo de desarrollar apnea”, explica, al tiempo que recuerda que la patología puede tener consecuencias cardiovasculares importantes si no se trata.
La apnea del sueño consiste en pausas respiratorias de mínimo diez segundos durante la noche que provocan una caída de oxígeno en sangre y obligan a la persona a despertarse para volver a coger aire. Según explica la doctora, esa falta de oxígeno —la hipoxia— genera inflamación en las paredes de los vasos sanguíneos, mientras que cada despertar activa el sistema nervioso simpático que aumenta la frecuencia cardíaca y provoca el estrechamiento de los vasos sanguíneos. Como consecuencia, el corazón tiene que trabajar “muchísimo más de lo normal”, lo que puede derivar en hipertensión, arritmias, infartos o ictus. A ello se suma el impacto de la mala calidad del sueño: “El sueño es recuperación física, recuperación psicológica, recuperación mental y regulación hormonal. Si nada de eso se produce durante la noche, el día es terrible”, añade.
ADHERENCIA AL TRATAMIENTO E IMPACTO
Una vez diagnosticada la apnea del sueño, el tratamiento más habitual es la terapia con presión positiva continua (CPAP), un dispositivo que mantiene abierta la vía aérea durante el sueño. Isabel Portela, responsable asistencial nacional TRD en Air Liquide Healthcare España, ha señalado durante el coloquio que la tecnología ha evolucionado para mejorar la adaptación de los pacientes. “Encontrar la mascarilla adecuada es como encontrar un zapato: hay una para cada persona y el primer mes es clave para lograr la adherencia al tratamiento”, afirma.
Así lo apuntan también las pacientes, que consideran esencial “tener paciencia” hasta encontrar la opción que mejor se adapte a cada caso. “Yo tuve que cambiar hasta cuatro veces de máscara hasta que encontré una que me iba bien”, añade Cobián.
No obstante, las pacientes coinciden en que, pese a las dificultades iniciales, los beneficios se notan rápidamente: “Empiezas a dormir bien, recuperas tu energía y vuelves a ser tú misma”, apunta Cobián. En la misma línea, Sainz asegura que desde que utiliza el dispositivo descansa mejor y ha recuperado su actividad diaria: “Duermo profundamente y tengo energía para hacer ejercicio, ir a clases o salir”.
Portela señala que estos cambios son frecuentes en el seguimiento de las pacientes. “Muchas mujeres han normalizado el cansancio durante años y cuando empiezan a dormir bien descubren que pueden recuperar actividades y sentirse con más ánimo”, indica.
“Muchas mujeres han normalizado el cansancio durante años y cuando empiezan a dormir bien descubren que pueden recuperar actividades y sentirse con más ánimo”
Por ello, anima a las mujeres a hablar sobre el descanso incluso cuando van a su médico de atención primaria. La experta también subraya la importancia de visibilizar esa diferencia de género que presenta la enfermedad de otra manera. “La calidad del descanso es diferente incluso en el ciclo menstrual, somos muy cíclicas. Entonces, el hecho de que cada mujer se anime a querer conocer su cuerpo y a querer conocer cómo es su descanso, yo creo que puede ayudar mucho”, concluye.
Por su parte, la doctora Bengoa insiste en que “el sueño es fundamental, un pilar tan básico como la alimentación o el ejercicio, y ninguno de los tres puede descuidarse”. La mayoría de los problemas que afectan la calidad del descanso tienen solución, y hoy existen especialistas —neumólogos, otorrinos, maxilofaciales— capaces de ofrecerla desde cada perspectiva médica.
Por último, Cobian y Sainz coinciden en normalizar y actuar: “Si te diagnostican un problema de sueño, no pasa nada, los beneficios de tratarlo son enormes, así que merece la pena hacerlo”, señala Elia. Paloma añade que dormir bien es salud: “Si hay dudas o se descansa mal, no hay que tener problema en consultar al médico de cabecera; él derivará al especialista adecuado. Y si se detecta un trastorno, hay que aceptarlo y afrontarlo, porque los beneficios de mejorar el descanso son enormes”.